Día 2. Vuelta al lugar del crimen
Lugar: Escola de la dona, Barcelona.
Fecha: un jueves cualquiera.
Cocineros: mi colega Jordi, Rafael (como cocinero okupa) y un servidor.
Hoy toca:
300 g de macarrones
250 g de butifarra cruda
1 cebolla
500 g de tomates
1 bolsa de moixernons
20 g de mantequilla
20 g de harina
300 cc de leche
Sal, pimienta negra y nuez moscada
50 g de queso rallado
Como en las series malas de los 70, donde el asesino siempre vuelve a la escena del crimen, nosotros regresamos al lugar donde estuvimos a punto de cometer una fechoría con unos pobres e inocentes pimientos.
¡Aquí estamos de nuevo!
Entro tarde en el aula y mis compañeros no han llegado aún. Por un momento me siento como Gary, solo ante el peligro.
Me encuentro con saludos, sonrisas, miradas de complicidad... Sin tiempo a ponerme mi mandil al chili, comienzo a recibir la desinteresada ayuda de las colegas de otros grupos que me ponen al día casi a paso de legionario (especial agradecimiento a Mari Ángeles que se vuelca en que coja el ritmo de la ya empezada clase).
Mientras controlo la cazuela de agua, puesta a hervir con tres cuartos de agua con sal y unas hojas de albahaca, Carola, una italiana de sonrisa contagiosa, pretende unirse a nuestro grupo.
Llegan los refuerzos. Jordi y Rafael me cubren los flancos en un visto y no visto. Todos conspiramos para que Carola sume poder al grupo. Pasta, Italia y tres valientes unidos, una combinación a tres bandas perfecta. Al final no puede ser y volvemos a quedar los tres mosqueteros sin perilla, pero con coraje.
250 g de butifarra cruda
1 cebolla
500 g de tomates
1 bolsa de moixernons
20 g de mantequilla
20 g de harina
300 cc de leche
Sal, pimienta negra y nuez moscada
50 g de queso rallado
Como en las series malas de los 70, donde el asesino siempre vuelve a la escena del crimen, nosotros regresamos al lugar donde estuvimos a punto de cometer una fechoría con unos pobres e inocentes pimientos.
¡Aquí estamos de nuevo!
Entro tarde en el aula y mis compañeros no han llegado aún. Por un momento me siento como Gary, solo ante el peligro.
Me encuentro con saludos, sonrisas, miradas de complicidad... Sin tiempo a ponerme mi mandil al chili, comienzo a recibir la desinteresada ayuda de las colegas de otros grupos que me ponen al día casi a paso de legionario (especial agradecimiento a Mari Ángeles que se vuelca en que coja el ritmo de la ya empezada clase).
Mientras controlo la cazuela de agua, puesta a hervir con tres cuartos de agua con sal y unas hojas de albahaca, Carola, una italiana de sonrisa contagiosa, pretende unirse a nuestro grupo.
Llegan los refuerzos. Jordi y Rafael me cubren los flancos en un visto y no visto. Todos conspiramos para que Carola sume poder al grupo. Pasta, Italia y tres valientes unidos, una combinación a tres bandas perfecta. Al final no puede ser y volvemos a quedar los tres mosqueteros sin perilla, pero con coraje.
Ingredientes preparados... listos... ¡Ya!
Cuando hierva el agua, echaremos los macarrones; nueve minutos. Si ponemos el agua recomendada para la cantidad de pasta y respetamos el tiempo... ¡¡al dente!!
Corte de la cebolla. Nada de rallada, parece ser que pierde sustancia, de hecho, todos perdemos un poco cuando nos rayamos. Toca en taquitos.
**Truco 1: Para evitar el sofocón por la cebolla, mejor tenerlas en la nevera antes de trabajar con ellas.
**Truco 2: Para unos tacos perfectos, cortamos la cabeza de la cebolla. Pelamos. Tres cortes longitudinales de la cabeza a la raíz sin llegar al final. Cuatro o cinco cortes transversales hasta la última tira, de nuevo sin llegar hasta el final, giramos y terminamos cortando hasta el fondo.
Nuestro trabajo en paralelo da resultado pues cuando quiero darme cuenta ya están los moixernons en una cazuela a fuego lento. Jordi ha estado al quite. En unos minutos, cuando hayan cogido cuerpo, se cuelan y se dejan preparados para su disfrute inminente, manteniendo el jugo que queda en la cazuela para su uso posterior.
Por otro lado Rafael disfruta como un niño chico rallando los tomates. Hay un conato de violencia extrema cuando Jordi intenta quitarle de su posición de ¿privilegio?. Utiliza la parte más gruesa del rallador. De inmediato le nombramos rallador oficial del grupo.
¡¡Más madera, es la guerra!!, que decía aquél, pues bien, las cosas se aceleran. El agua hierve ergo, ¡macarrones a la cazuela! A la vez, esparcido un chorrito de aceite en la asadora, hace rato que se realiza el sofrito de la cebolla.
**Especificación técnica: cazuela y asadora, esas desconocidas. Pues sí, una cazuela será de paredes altas, una asadora es, a vista de un profano como yo, simplemente una cazuela de paredes bajas. Nunca, nunca usar una sartén normal en este paso, ni por supuesto, una cazuela. Intercambiamos una mirada escéptica Jordi y yo. Que nos lo expliquen.
Rafael, una vez más, requiere de los sabios consejos de la profe: "¿Cuándo se sabe que están las cebollas?". Y suena en mis oídos la frase del día anterior, de la mujer que con santa paciencia nos invita cada jueves a aprender: "La comida nos habla, sólo hay que saber escucharla". Y nos explica, y escuchamos y todo es más fácil cuando alguien te guía (y cuando aprendes el lenguaje del sofrito, claro está).
**Truco 3: La cebolla no tiene necesariamente que estar dorada para considerarla hecha. Cuando pierde su opacidad natural volviéndose semitransparente, podemos darla por hecha. Eso sí, luego está el gusto de cada cual en cuanto al dorado a conseguir en la misma.
Añadimos al sofrito la butifarra y los moixernons calientes. Diez minutos tenemos. ¿Que si eso nos da un respiro? Ni mucho menos, hay que deshacer la butifarra mientras e ir controlando los macarrones para su entrada en acción.
Salen los macarrones. Estoy tentado de tirar uno contra la pared para comprobar si está "al dente", pero no me parece oportuno dada la pulcritud y limpieza de las paredes y mi habitual pensamiento recurrente del "qué pensarán si...".
**Truco 4: si añadimos un vaso de agua fría antes de colarlos, tenemos más posibilidades de que queden en un buen estado para su degustación.
**Truco 5: una vez colados, sin sacarlos del propio colador, les echamos un buen chorro de aceite de oliva por encima y removemos. ¿Efecto impermeabilizador?¿aromatizador? No lo sé, pero quedan brillantes y relucientes. Entran por los ojos. Muy monos.
Añadimos al sofrito la butifarra y los moixernons calientes. Diez minutos tenemos. ¿Que si eso nos da un respiro? Ni mucho menos, hay que deshacer la butifarra mientras e ir controlando los macarrones para su entrada en acción.
Salen los macarrones. Estoy tentado de tirar uno contra la pared para comprobar si está "al dente", pero no me parece oportuno dada la pulcritud y limpieza de las paredes y mi habitual pensamiento recurrente del "qué pensarán si...".
**Truco 4: si añadimos un vaso de agua fría antes de colarlos, tenemos más posibilidades de que queden en un buen estado para su degustación.
**Truco 5: una vez colados, sin sacarlos del propio colador, les echamos un buen chorro de aceite de oliva por encima y removemos. ¿Efecto impermeabilizador?¿aromatizador? No lo sé, pero quedan brillantes y relucientes. Entran por los ojos. Muy monos.
**Truco 6: aprovechar al remover el tomate para rascar el fondo y separar los inevitables trocitos de cebolla o butifarra que hayan podido quedar pegados a las asadora. El rascado unido a la acidez del tomate hará que el fondo quede limpio como una patena.
Diez minutos más de espera ansiosa por el resultado final. Jordi aprovecha y amenaza con su cámara de fotos a cualquier persona, animal o cosa que pasa por delante de él. Todos regalan su mejor sonrisa a la cámara.
Trabajo rutinario por delante (segunda clase y ya tengo rutinas, ¡¡genial!). Entre otros, rectificación de sal, añadir una pizca de azúcar, y lo más importante, un chorrito del jugo donde calentamos los moixernons. Tras una exhaustiva cata acordamos que la salsa está de muerte. No cabe rectificar nada.
Trabajo rutinario por delante (segunda clase y ya tengo rutinas, ¡¡genial!). Entre otros, rectificación de sal, añadir una pizca de azúcar, y lo más importante, un chorrito del jugo donde calentamos los moixernons. Tras una exhaustiva cata acordamos que la salsa está de muerte. No cabe rectificar nada.
Por fin llega el momento. Como la unión hace la fuerza, vertemos los macarrones en nuestra salsa. Y removemos hasta que se impregnan uno del otro. Uno dará sabor y el otro la textura y el cuerpo.
Lo demás es rápido. Todo el conjunto a una bandeja de horno y preparación de la bechamel, por la que pasaré de puntillas porque si yo he sido capaz de hacerla del tirón, considero que cualquier persona sea cual sea su raza, edad, condición o tendencia sexual será capaz de hacerla. En pocas palabras, mi bechamel nace de poner la mantequilla (o aceite) al fuego y cuando funde añadir la harina. Cuando está bien mezclado, sólo unos segundos, verter la leche y remover, remover y remover... hasta que hierva o en su defecto, espese.
**Truco 7: para evitar los grumos, no remováis con una cuchara, ni siquiera de madera. Utilizad para ello una vara de esas que se usan para montar la nata. Ni grumos ni ningún otro tipo de problema con ella.
Lo que queda es una simple espera activa para el disfrute definitivo. Vertemos la bechamel sobre los macarrones y encima esparcimos el queso rallado. Todo el conjunto al horno, en posición de gratinar. Unos minutos hasta que dore y listo.
Ni decir tiene que hubo fotos del triunfo del equipo. Que hubo palabras de elogio para nuestra presentación del plato. Y que como en un círculo perfecto, todo se cerró igual que empezó, con sonrisas. Quizá en realidad el plato del día era macarrones al horno aderezado con sonrisas. Y es que, como todo en la vida, el buen humor ayuda a que todo vaya bien.
Lo que queda es una simple espera activa para el disfrute definitivo. Vertemos la bechamel sobre los macarrones y encima esparcimos el queso rallado. Todo el conjunto al horno, en posición de gratinar. Unos minutos hasta que dore y listo.
Ni decir tiene que hubo fotos del triunfo del equipo. Que hubo palabras de elogio para nuestra presentación del plato. Y que como en un círculo perfecto, todo se cerró igual que empezó, con sonrisas. Quizá en realidad el plato del día era macarrones al horno aderezado con sonrisas. Y es que, como todo en la vida, el buen humor ayuda a que todo vaya bien.
El próximo día... Conejo con setas.
Saludos
Basado en hechos reales.
© Jordi&Santi
20:08
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11 comentarios:
Entre test y test de autoescuela, con la enana durmiendo (de momento), aprovechamos para chafardear tamañas hazañas.
Ardemos en deseos fogoniles de ver qué le pasa al conejo la semana que viene...
Qué sorpresa!!
Gracias por la visita; un saludo a los dos, y un besico silencioso para la peque :)
Vamos no me jodas!!!!! Pero que coño...
Como jode ver a unos colegas echarse a perder. Amigos, que os vaya bien en vuestra nueva etapa de jubilatas, adiós aquellos maravillosos años....
JAJAJAJAJAJ
Pero que mamonasso eres!!
Todo un espectaculo, a ver si un dia tenemos la suerte de probar esos "bocatto di cardinale"
Hecho!
Un viernes de estos estás invitado a comer, Tomás :)
Jajaja, yo me apunto a probar los macarrons. Más que nada porque para los embolcalls de pebrot esos no tengo traducción y más vale "malo" conocido....
Santi, no hagas mucho caso a tu "amigo" José Miguel, que seguro que es el primero que se apunta luego a probar los macarrones (pero sin dejar huella en el blog claro).
Me parece genial que esteis aprendiendo. Qué pena que no me pueda apuntar yo :(
Un beso gordo gordo desde La Rioja
ALBA 32 :) (no sé como poner el nombre por delante, jajaja)
Otro besazo para mi riojana favorita. Y cuando vuelvas por barna, ya sabes lo que te espera :)
Santi!!! no me lo puedo creer!!! nunca hubiera imaginado esta faceta tuya... Ni un solo día en el curro te preparaste "tupper" y ahora, en breve te veo dando clases magistrales de cocina... jajaja :P
Raquel, parece mentira que no intuyeses esa faceta mía!!
Lo ves? nome hacías ni caso! :P
Un beso, guapa, y gracias por tu comentario.
Pero vuelve, ehhhhh :)
Yo me cocinaria a Jordi...con cetas acarameladas...y un buen cabernet souvign
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